ÚLTIMA HORA

EN LA BARCA

 

Somos pescadores, navegantes en la barca del Señor. Desconocemos cuál será el puerto de destino que cada uno alcanzará y el rumbo fijado para llegar a él, pero con nuestra Capitana y la tripulación Celestial vamos alegres al encuentro de Cristo en medio de tempestades, surcando olas cuyos embates nos salpican, a veces nos empapan y que ofrecidos, se convierten en cuerdas de salvación para las almas. La brisa es fuerte, los mares se hielan. Somos esos locos del amor divino de los que tantos se han burlado; nos divisan desde tierra. Ellos se creen firmes, aunque cada vez con menos convicción;  según transcurren los días del calendario, merma esa falsa seguridad. Éstos son los tiempos predichos; son los denominados Últimos Tiempos (no el fin del mundo); los profetizados desde antiguo.

 

 

Los que creen ver, son ciegos; no se prepararon, no dejaron entreabierta la puerta para la dimensión espiritual; ni tan sólo un resquicio. Los ojos se focalizaron en lo inmediato, principalmente en los deseos físicos, y en la satisfacción de las necesidades básicas, como animales o seres sin evolución; carentes de proyección temporal para comparar el pasado con el presente, ni para atisbar o vislumbrar el futuro. Cual niebla que impide la visibilidad, taponaron con su libre albedrío otras capacidades, cercenaron dones que les fueron otorgados, ésos que debían fructificar; pero ellos eligieron el mundo, prefirieron el falso oro y los placeres mundanos; se mimetizaron con él.

 

 

Y ahora ¿cómo enseñar a correr al que no quiso aprender a andar? ¿cómo hacer volar al ave que carece de alas? ¿cómo explicar esta historia de amor en la que el paso terrenal es sólo una fracción a alguien que siempre  lo consideró como un todo? ¿cómo se le enseña a ver a quien supone que ya ve? ¿cómo querer cruzar la meta sin haber corrido la carrera? ¿cómo hacer comprender que la vida en la Tierra es milicia a quien siempre eligió el camino fácil? Aún así, no es demasiado tarde; siempre hay algún alma con predisposición a ser rescatada si lanzamos la red; pero no una red enredadora y sepulcral para nuestros vanidosos fines, sino una red de salvación.

 

 

El demonio estuvo agazapado, ávido desde tiempos inmemoriales para desviar senderos, cortar vínculos hacia el Cielo y cazarnos con lazos asfixiantes a los vicios terrenos (el mundo de la noche, tabaco, alcohol, sexo, drogas, etc.); siempre dispuesto a ofertar atractivas tentaciones, sabedor de las debilidades humanas individuales y colectivas. Años y generaciones laborando en lo escondido a través del cine, la televisión, las gentes y las mentes para engañar y perder a la humanidad; para presentar lo visible como lo real y lo invisible de Dios, como ficticio; estuvo atento para despertar anhelos, pasiones y deseos indebidos; para fomentar el pecado y deformar al hombre con el objetivo de alcanzar su fin último: lograr que las almas se condenen en el averno.

 

 

Como resultado de esta continua y escondida labor del Diablo, en la que el propio ser humano ha sido el instrumento utilizado por él para desarrollar y expandir su infernal labor -el mal-, la corriente social ve al cristiano hoy en día como un individuo de otro planeta -al que está de moda atacar y menospreciar-, cuyas creencias nada tienen que ver con el mundo actual.  Sin embargo, la sociedad sí acepta y acoge cualquier modernismo, transgresión, irreverencia o deformidad bajo el pretexto de la libertad y el respeto. Y en esta pervertida generación, si alguno se opone a la imposición de la ideología de género y desviación sexual, lo tildan de homófobo. ¡Cuán evidente son los frutos de Satanás!

 

 

Generación ésta que prefirió no instruirse en los asuntos del Cielo; que se negó a profundizar, a entender, a evolucionar espiritualmente por el camino correcto (Juan 14:6), perdiéndose en engañosas y torcidas filosofías de la Nueva Era. Pero ahora, ha llegado el momento profetizado desde lejanas centurias (S.XI-XII) en que se desatará la persecución sin disimulos contra el cristianismo; de hecho, ésta es ya instigada y propiciada desde nuestras instituciones, bien atacándolas directamente o mediante el fomento de otras creencias.

 

 

Hemos sido testigos de cómo de repente “se tergiversaron y manipularon los nobles conceptos de igualdad, respeto, libertad y participación” para dar rienda suelta a todo tipo de inmoralidad y facilitar la entrada a otras religiones y falsas espiritualidades. Todo esto escondía un fin premeditado que para la mayoría ha pasado desapercibido –pues en nuestros días, las gentes van en masa, cegados y envueltos por nefastos argumentos creados a medida, hacia donde otros los conducen-. El objetivo final ha sido y es: atacar, erradicar el cristianismo y todo lo relacionado –imágenes incluidas- con Dios y nuestra Madre.

 

 

Empleando su propia terminología, ahora podemos hablar de la “cristianofobia” que nos azota, mediante las continuas profanaciones y la creciente persecución a cristianos. Con esto se da cumplimiento a lo dicho por los profetas desde antaño con respecto a la generalizada “apostasía” y simultáneamente y a modo de aparente contradicción, a la islamización de Europa.

 

 

Es también la hora de la transformación y renovación de la Tierra; el momento en que los elementos naturales se rebelan contra esta humanidad desobediente y atea con todo tipo de calamidades naturales; es prácticamente la hora en que se desatarán con virulencia las grandes guerras, hambrunas y pandemias; es la hora del microchip, el cual se implantará masivamente tras las catástrofes y crack económico –incluso desde la propia Iglesia, que quedará reducida en sus funciones a modo de mera ONG-; es el tiempo en que emergerán el Anticristo o falso pacificador y el falso Papa que sucederá al actual Papa Francisco –tras el Cisma que lleva tiempo fraguándose- y que será el punto de partida para otros acontecimientos tales como el Aviso. Ahora es el tiempo en que galopan desbocados los cuatro jinetes del Apocalipsis por todo el orbe.

 

 

Se repite la historia, y ahora también hay un Arca de salvación, a semejanza de la construida por Noé; el Arca de estos tiempos es el Corazón Inmaculado de María, nuestra Madre. No es un cuento chino, ni una frase mística muy bonita pero vacía de contenido. ¡Es real!; y quien se ha ido instruyendo en estas lides, lo sabe. El refugio secreto del cristiano está en los Sagrados Corazones; de lo demás, no nos preocupemos tanto. Ocupémonos sólo en disponernos espiritualmente, en fusionar nuestra vida a la Voluntad Divina y revestirnos con la “armadura espiritual”. El Cielo no nos dejó solos en esta hora oscura; nos acompaña e ilumina el camino con sus mensajes, como los contenidos en este blog www.profeciascambiodeera.blogspot ; también nos da las herramientas espirituales que precisamos: “Oraciones y prevenciones para los Últimos Tiempos”.

 

 

Se nos pide fe, ¡pero fe de verdad!, no un conjunto de prácticas repetidas metódicamente y carentes de esencia; y lo demás, se nos dará por añadidura (Mateo 6:33). Por ello, roguemos al Señor para que nos conceda lo que precisemos a través de Su Santo Espíritu, considerando nuestra manifiesta debilidad y miserias; roguemos pidiendo fuerzas para que nos mantengamos navegando dentro de Su barca sin caer por la borda, sin fallarLe más; esa divina barca sin oro ni espadas, para que junto a Él busquemos otro mar; pues ahora no existe otro mejor lugar donde permanecer para luchar y acometer nuestro tránsito por este mundo, resguardando el alma.