LAS AVENTURAS DE PIQUÍN

Juan Fernández Sánchez

Siempre fue algo travieso y a más de una cuidadora casi la da un soponcio cuando el nene quería imitar a Chita en los parques dando grandes saltos. Al ir haciéndose mayorcito mostró un gran gusto y refinamiento por olores finos, tirando bombas fétidas por doquier. Todo para partirse de risa, aunque de vez en cuando, sin tener ello nada que ver con ser un niño de papá maleducado y consentido, se muestra tosco, y amenaza a agentes municipales por atreverse a ponerle una multa (¡a él!) al tener el coche mal aparcado, o rompe un televisor en un hotel tras marcar un gol en el minuto 93 el equipo con que en realidad a él le hubiera gustado jugar y ganar una Champions, como bien han indicado varias veces ex-jugadores profesionales. Pero eso son pequeñeces, porque en realidad es muy culto (leyendo, quizá, muchos libros de historias de mercenarios) y suele deleitarnos y aleccionarnos con grandes discursos sobre la democracia y la libertad de expresión. Siempre sabe muchas cosas de lo que sucede en los vestuarios y palcos, puede que por estar en contínuo contacto con el misterioso linier del antifaz. Lleva el número tres, aunque esto es simplemente una ironia de la vida, sin que tenga nada que ver con algunos personajes que, como si les hubiera estallado una bomba fétida, apestan a ciertros porcentajes. Y ahora dice no sé que cosas sobre aficiones y silbidos. Que se vaya preparando para dentro de unos dias.