Por primera vez en medio siglo, el barranco del Guiniguada, soterrado bajo el asfalto y el hormigón de la capital grancanaria, ha sido sometido a una limpieza exhaustiva que ha revelado la magnitud de la acumulación de residuos en su lecho. Un reportaje de Adzubenam Villullas Santana en La Provincia / Diario de Las Palmas detalla cómo se han retirado 3.400 toneladas de basura en los últimos meses, entre el Rectorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la desembocadura del barranco.
Botellas de plástico, neumáticos procedentes de buques, microplásticos de todos los colores y cantidades ingentes de arena volcánica negra han sido los principales hallazgos en esta operación histórica. Estos desechos, acumulados durante décadas por efecto de las mareas, las escorrentías pluviales y el vandalismo humano, han convertido el Guiniguada en un vertedero subterráneo invisible para los ciudadanos.
"Esto ha sido un trabajo complejo y minucioso de tres meses", explica Marcos Salazar, técnico de Emalsa, la empresa responsable de la gestión del agua en la isla. Las condiciones en el interior de las bóvedas han sido extremadamente duras: alta humedad, túneles angostos que impedían el uso de maquinaria pesada y la necesidad de trabajar en espacios reducidos.
Para superar estos obstáculos, los operarios optaron por vehículos pequeños y retirada manual de gran parte de los residuos. Además, se construyó un muro temporal en la desembocadura para contener el mar y permitir trabajar en seco, evitando inundaciones durante las labores. Esta intervención no solo mejora el estado ecológico del barranco, sino que previene riesgos de obstrucciones en el sistema de drenaje urbano, especialmente en épocas de lluvias intensas. Fuentes municipales destacan que se trata de la limpieza más ambiciosa realizada en el Guiniguada desde su encauzamiento en los años 70, un hito en la recuperación ambiental de Las Palmas de Gran Canaria.
El Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria han colaborado en el proyecto, que podría servir de modelo para otros barrancos de la isla afectados por la acumulación de residuos. Los expertos insisten en la necesidad de mayor concienciación ciudadana para evitar que el vandalismo y el vertido ilegal sigan degradando estos espacios naturales.