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EMPEZAR ES EL COMIENZO DEL ACABAR

Vivir en un Archipiélago en medio del Atlántico es un lujo. Tiene sus ventajas e inconvenientes, es una paradoja continúa, el mar nos une poéticamente y nos separa físicamente; la distancia a los dos continentes más cercanos nos aleja, dejándonos huérfanos en la soledad del océano; cada isla cuenta con su propia peculiaridad y en conjunto, se transforma en una armonía difícil, siempre compleja y esforzada. Parece que todo hay que apreciarlo desde enfoques opuestos y es que la variedad no significa desunión, sino riqueza, al asumir las particularidades de cada isla, como escribió Nicolás Estévanez: “Mi patria es una isla, mi patria es una roca, mi espíritu es isleño como los riscos donde vi la aurora”. Nuestra realidad natural nos condiciona, exigiendo a los isleños un plus de ahínco persistente, que se refleja en el combate diario por la mejora individual y colectiva.

Cada isla tiene sus necesidades particulares en cuanto a la dotación de infraestructuras, tanto de transportes, viarias, aeroportuarias o hidráulicas, además de la exigencia irrenunciable de contar con aquellos equipamientos comunitarios que dignifiquen y faciliten la convivencia diaria. Hay mucho por hacer, más por empezar y esperanza de construcción. En el territorio continental, se cuenta con medios alternativos de comunicación, que permiten distintas maneras de unificar el territorio, aunar la actividad económica y posibilitar la cohesión social. En cambio, en Canarias, precisamente por nuestra realidad física, sólo contamos con las carreteras como medio vertebrador. Por lo tanto, lo lógico sería que, dentro del conjunto del estado español, contáramos con las mejores carreteras, definidas por su seguridad, eficiencia y sostenibilidad. Pero la cruda verdad es todo lo contrario, las deficiencias y ausencias son tan notarias, que es un verdadero agravio comparativo lo que padecemos. Desde la centralidad peninsular, lejana y arrogante, dando lo mismo el partido político que gobierne, nos ignoran reiteradamente, sin entendernos y en algunos casos, se nos desprecia clamorosamente, porque todo lo que se da a Canarias se aprecia bajo el prisma de una caridad mal entendida y no como una respuesta justa y solidaria.

Pero toda la culpa no la han tenido los de allá, también tenemos que fijarnos en los de aquí. Si Canarias es tan deficitaria en asignación infraestructural, principalmente se debe a la torpeza e incapacidad de gestión de los políticos canarios que, con responsabilidad de gobierno, no han sabido implementar las obras públicas. Toda la querencia a nuestra tierra se les iba en frases emotivas, utilizando palabras o expresiones canarias, para enardecer los sentimientos patrióticos, como anzuelo para engatusar al personal. Ha sido el fracaso continuado en las últimas décadas, donde se ha hablado mucho y ejecutado poco. Reiteradamente se echaba la culpa de cualquier asunto a Madrid, buscando cada día un nuevo enemigo exterior, que tapara las vergüenzas de la inoperancia del responsable público canario. Caracterizado, en la mayoría de los casos, por buscar ansiosamente las prebendas del poder, olvidándose de sus obligaciones debidas al cargo ocupado. Miguel Delibes parece que los definió certeramente: “para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”.

No podemos seguir como hasta ahora, hay que cambiar para mejorar y aunque parezca una perogrullada, lo primero que debemos tener son los proyectos de las obras, esa tiene que ser la prioridad absoluta, porque el primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás. La meta de la nueva gestión de las obras públicas en Canarias debería ser poner la última piedra, ya que empezando es como se termina.

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

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