ÚLTIMA HORA

LA (IN)SOLIDARIDAD EUROPEA

Aunque ya sea un tema cansino que llena las páginas de la prensa, no deja de ser un drama la situación social y económica de los países emisores de emigrantes, que empuja a huir de su tierra natal a sus habitantes, decir ciudadanos sería una exageración o directamente una falsedad. Buscan una vida mejor para los más y un refugio político para los menos. Y huyen siempre hacia el norte, donde habita la felicidad, como me enseñó el sabio lanzaroteño que es Alejo Gaunapay, personaje que paradójicamente huyó de la pobreza y el agobiante pueblerismo viajando hacia el oeste.

Por eso, teléfono móvil en mano, se lanzan en manos de mafias y de políticos corruptos a la aventura de cruzar en precario tierras inhóspitas y un mar proceloso. Si tienen suerte y llegan a tierra firme, una llamadita a sus familiares para tranquilizarlos que al tiempo sea un estímulo para los menos fuertes animándolos a emular su exilio en busca de El Dorado. Curiosamente pocos se dirigen hacia el sur, por ejemplo a una nación en continuo desarrollo como es la Unión Sudafricana, que aun siendo un país con más afinidades socioculturales, como lo son los países árabes del Golfo mucho más ricos, no está muy claro que puedan llegar a alcanzar las mismas oportunidades de disfrutar de un estado del bienestar a la europea y no ser masacrados o esclavizados en el camino o en el destino. Ellos se conocen secularmente muy bien, tal vez por eso no se reconocen ni se fían.

La situación aterradora o el dilema ético-político, tan artificial como voluntariamente creado por el Open Arms, pone por enésima vez la hipocresía buenista de gran parte de los medios de comunicación y de los políticos que se atreven a hablar abiertamente del asunto. Ya el propio nombre del barco español, Brazos Abiertos, es toda una declaración de intenciones, pues lo que viene a propugnar es la eliminación de fronteras e igualar las migraciones legales e ilegales por la vía de hechos consumados y de chantajes morales. En España, el Dr. Sánchez ya sucumbió una vez a esa demagogia con el Acuarius, pero parece no querer volver a hacerlo al constatar que no son votos lo que reluce sino, muy probablemente, un castigo en las urnas y un silencio en los medios.

Matteo Salvini, vicepresidente y Ministro de Interior del gobierno de Italia, a puesto sobre el tapete de juego europeo, nunca mejor dicho eso tratándose de tahúres profesionales, la pretendida y buenista solidaridad europea, cuando el que paga la factura económica y social son otros. Tras unas copichuelas en la Grand Place de Bruselas, los políticos demagogos le exigen a Italia que permita el desembarco y que, al repetir de nuestra insigne Margarita Robles, sólo después de esa acogida provisional sine die, empezarán a estudiar el reparto, estudio que puede durar lo que dure.

Y mientras tanto, contra viento, marea soportando presiones propias y ajenas, Salvini se mantiene en su decisión. Por aquello de que Dios los cría y ellos se conocen, no se fía “niente” de sus colegas europeos y menos aún de los euroburócratas, tan pusilánimes como excelentemente bien pagados. Exige que se acuerde primero el reparto de emigrantes (siniestra palabra que iguala seres humanos con mercancías) antes de autorizar el desembarco. No acepta, posiblemente con toda la razón, que le impongan una nueva carga a los contribuyentes por la vía de hechos consumados. Como creo recordar, fue Carmen Sevilla la que acuñó aquello de “primero la firmita y después la camita”, como autodefensa frente a los cercos amorosos a los que por su belleza y simpatía tuvo que enfrentarse, sin sumarse a la nómina de las del Me Too de moda en tiempos protohistóricos.

Y lo peor del asunto, posiblemente lo que esté dilatando solucionar el problema, es que ya están otros barcos, nominalmente de ONG, a la espera de saber cómo se resuelve lo del Open Arms para seguir ellos por esa puerta falsa que tanto favorece a las mafias. Probablemente, cualquier solución que se proponga sea tan sólo un parche y una nueva carga para los ciudadanos contribuyentes.

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