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UN ANILLO INSULAR DESCONCHADO

El Anillo Insular se queda chiquito, cojo y enfermo, ya que no cuenta con un proyecto ambicioso y cualificado. Tenerife nunca gana en carreteras, o no se hacen o los proyectos que se presentan son deficitarios e insuficientes para las necesidades viarias, circulatorias, económicas y sociales de la isla. El proyecto para el cierre del Anillo Insular no responde a las expectativas y esperanzas puestas para solucionar la ansiada conectividad Norte -Sur. Además, está abocado al fracaso, porque no servirá para dar una mayor fluidez circulatoria, sino que agravará ostensiblemente el caos viario y cogestionará una vía que tiene que tener todas las garantías para un tráfico, seguro, rápido, eficiente y sostenible. Tanto tiempo esperando, décadas, para vertebrar la isla y ahora la solución es deficitaria a todas luces, una vez más es decepcionante las propuestas que la Consejería de Obras Públicas del Gobierno de Canarias ofrece para Tenerife, dista mucho de las pretensiones grandiosas que tiene para la isla de Gran Canaria, tanto con la carretera de La Aldea como con el Puerto de Agaete.

Los asuntos no se pueden, ni deben eternizarse, porque sencillamente se pudren y después es más complicado buscar soluciones adecuadas. Lo que necesitamos es diligencia para sacar adelante los proyectos pendientes de ejecutar, así como mayor rapidez en la gestión y en la toma de decisiones, porque estamos en un mundo donde no se admite el retraso, la improvisación y el titubeo. El editor económico Ryan Avent ya lo significa al decir que “el ritmo de cambio es tan acelerado que incluso la franja más joven de la población activa recuerda un mundo distinto”. Eso significa que no se puede seguir administrando la cosa pública, con esquemas, procedimientos o tiempos fuera de lugar, que quiere decir con lentitud; ya no vale escudarse en que siempre ha sido así y no se puede cambiar. Hay que ser resolutivo, es más, preferiblemente inquieto para solventar los problemas que acontecen. La transformación que está implicando la revolución digital, no sólo incide en ámbitos personales, sino significativamente en el orden económico, exigiendo celeridad resolutiva en cuantos ámbitos productivos sea necesario. En la sociedad del siglo XXI el aforismo de Confucio que dice que “los cambios pueden tener lugar despacio. Lo importante es que tengan lugar” parece que no entra dentro del engranaje productivo, ni tampoco de la mentalidad moderna.

La incertidumbre es mala compañera de camino, sobre todo porque implica duda, que viene de la falta de decisión. Cuando se está ocupando una responsabilidad, cualquiera que sea, lo que se pide es que se tomen, con energía, las medidas convenientes de acuerdo con las funciones ejercidas. Si no es así, sencillamente hay un mal gestor, incluso si cuenta con un dilatado o extraordinario expediente académico. Como dice el dicho: “una cosa es ser leído y estudiado y otra cosa es ser espabilado“. Ahora hay una exigencia máxima en los resultados, porque no vale lo que se dice, sino lo que se hace. La universalidad de la educación y la inflación informativa que todos los ciudadanos poseen, posibilita que se exija a los responsables públicos respuestas eficaces y no sólo ruedas de prensa bonitas y vacías de contenido. La sociedad civil, es madura y no admite que se la tome por ignorante o menor de edad.

Cuando en todos los ámbitos de actividad económica, social, cultural, se ha producido un cambio vertiginoso de mentalidad para acoplarse a la modernidad, todavía hay personas que utilizan métodos anticuados y desfasados en su gestión gobernativa que implica malos o nulos resultados. El escritor Roger Von Oech lo plasmó con la siguiente sentencia: “no es posible resolver los problemas de hoy con las soluciones de ayer”. Repetimos lo que es indudable, en Tenerife se necesita efectividad, acompañada de buenas dosis de dialogo, sin imposiciones, arrogancias, ni vanidades estériles. Hay que ejecutar las obras de carreteras necesarias, sin ningún afán de llenar la isla de cemento y asfalto, pero si de contar con unas vías que dignifiquen la vida ordinaria, aumentando el bienestar social. No se comprende que siendo tan entendible e inexcusable esta acción, no se ponga por obra y nunca mejor dicho. El proyecto para el Anillo Insular que se ha presentado no tiene otra explicación, sino el apresuramiento para justificar la falta de ejecución de obras en Tenerife, intentar dar la sensación de equilibrio interinsular en las obras de carreteras y silenciar el malestar creciente tanto ciudadano, como en el conjunto del tejido empresarial, que cada día aumenta de manera exponencial en la isla; es insuficiente para unificar territorialmente a Tenerife.

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

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