ÚLTIMA HORA

¿CONTINENTE EN MINIATURA?

Luis de la Barrera

Portavoz de Drago Gran Canaria

Ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que los dirigentes del Cabildo de Gran Canaria y muchos de los alcaldes de nuestros ayuntamientos piensan de verdad que vivimos en un continente. Sin lo de miniatura.

No seré yo quien reniegue de la riqueza y variedad paisajística, geológica, medioambiental, geográfica, urbanística, arquitectónica, etnográfica, arqueológica, cultural y social de nuestra isla; al contrario, este artículo va de su puesta en valor.

Pero de tanto repetirse que vivimos en un “continente en miniatura”, no se si en sus cabezas pasamos de ser una isla de un archipiélago situado en el norte de África, que tiene condiciones subtropicales, semiáridas y de una fragilidad casi extrema, a un territorio continental, europeo, situado a los pies de la M-30.

En otro caso, no me puedo explicar que muchas mañanas amanezcamos con una nueva declaración de interés insular de un proyecto de energía eólica, huerto solar, tendido eléctrico, central hidroeléctrica o línea subterránea para el transporte de energía eléctrica, casi todos concentrados en el sureste insular.

No se en qué momento de nuestra reciente historia dieron por amortizado esa parte del suelo rústico de los municipios de Telde, Ingenio, Agüimes, Santa Lucía de Tirajana y San Bartolomé de Tirajana, negando su biodiversidad, hábitat y medioambiente, para someterlos a esta nueva clase de especulación económica-urbanística que está haciendo de pata del turismo, como antes lo hacía la construcción. Renovables sí, por supuesto, pero no así.

Esa misma parte del sureste será reventada —perdón, atravesada— por el proyectado tren al sur, si es que la cordura, el sentido común, los movimientos sociales, partidos políticos como Drago Canarias, la vuelta a la “disciplina fiscal” o la propia limitación del territorio no lo consiguen paralizar.

1.650 millones de euros que irán destinados a financiar una infraestructura ferroviaria que hace prácticamente el mismo recorrido que la actual autopista. Imagínense si ese importe, que supera en más de 600 millones de euros el presupuesto anual del Cabildo de Gran Canaria, fuese destinado para la habilitación de carriles VAO, desconcentración de actividad de zonas saturadas, acondicionamiento de carreteras, márgenes o señaléticas, creación de pasos elevados o al aumento de frecuencias y líneas de guaguas. Pero no, como nos sobra territorio, mejor un tren; que por supuesto tiene un trazado eminentemente turístico.

Tampoco me cabe en la cabeza que sigan concediendo licencias hoteleras en La Aldea, Mogán o San Bartolomé de Tirajana, que estén sentando las bases de un nuevo núcleo turístico en la Bahía de Santa Águeda, que modifiquen los planes de ordenación urbanística para que las constructoras puedan construir mamotretos en Las Palmas de

Gran Canaria, que se empeñen en emitir informes favorables a Dreamland Studios en Telde o que ya estén poniendo los ojos en la costa del norte insular, desde Arucas hasta Agaete, mediante proyectos que dicen proteger el medioambiente pero lo que en realidad pretenden es posicionarlos turísticamente.

Es este modelo, y no otro, el que nos ha llevado a tener el dudoso honor de ser la isla más sobrepoblada de Canarias: 567 personas por kilómetro cuadrado. Si Gran Canaria fuese un Estado, estaría en el podio de los 20 más sobrepoblados del mundo.

Un modelo basado en la permanente destrucción de empleo por el sector de la hostelería y restauración, que necesita contratar e importar nueva mano de obra barata y precaria, tanto local como del sur global, para seguir alimentando los bolsillos de los hoteleros y del accionariado internacional. Exploto, despido y me quejo de no encontrar gente que quiera ser explotada y despedida. La gandulería y aplatanamiento congénito de los canarios, será.

Un modelo basado en la concesión de permisos de construcción de villas en el sur de la isla, que irán a parar a manos de jubilados europeos para que vengan a retirarse con sus sueldos dorados que triplican o cuadruplican los nuestros. De ahí que el 90 % de los inmuebles en el sur sean comprados por extranjeros, y no vienen de África ni de Latinoamérica.

Un modelo basado en la creación constante de nuevas camas hoteleras y plazas de viviendas vacacionales, cuyos propietarios cada vez más son fondos buitres, empresas hoteleras, inmobiliarias, gestoras de patrimonio, sicavs y socimis, situados en el continente europeo, y no tu vecina del quinto que lo hacía para mandar a sus hijas a la universidad; vecina que por cierto ahora trabaja en “B” limpiando esa supuesta diversificación de la oferta turística que iba a repartir la tarta entre la población canaria.

Un modelo que ha pretendido y pretende crecer económicamente mediante el incremento insostenible de la población y de la depredación de nuestro frágil territorio.

¿Alguien se puede extrañar de la saturación de nuestros hospitales, centros de salud, institutos o servicios sociales? ¿Que seamos uno de los territorios del Estado más colapsados por el tráfico? ¿Que tengamos lista de espera de meses hasta para conseguir plaza en el polideportivo de tu barrio? ¿Que el chófer de la guagua te pida perdón con la mirada pero que ya no puede subir a nadie más? ¿Que no se pueda ni pasear por la playa de Las Canteras? ¿Que en los pateos por las medianías y cumbre te encuentres casi con la misma gente que por Triana? ¿Que haya que reservar hasta para ir al bochinche de la esquina de tu casa? ¿Que no haya cita ni para empadronarte en tu ayuntamiento?

Pero no se preocupen, que vivimos en una isla de 1.560 kilómetros cuadrados, donde el territorio es ilimitado, y si no, que se lo cuenten a nuestros dirigentes, que tienen en la gaveta de sus despachos cientos de nuevos proyectos para colapsar, aún más, Gran Canaria.

“Y en los mapas europeos a pintarlas empezaron. Pero nunca donde estaban, al oeste y tan abajo, sino mucho más al norte y hasta en el Mediterráneo. Pero eso sí, condenadas a vivir en un rectángulo, como diciendo estas islas viven en sitio prestado. (…) Y cuando por conveniencia más al norte nos soñamos, suele venir la calima del desierto a despertarnos”. ¡Ay, Yeray Rodríguez, ojalá te escucharan!

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